Para responder esta pregunta voy a compartir mi propia vivencia: En el último año de mi vida, me han tocado experimentar situaciones que me marcaron y causaron profundo dolor y al reflexionar sobre ellas entendí que mi dolor era consecuencia de la frustración que producían mis expectativas insatisfechas. Por esto, luego de formarme en Mindfulness y tener muchos momentos de silencio y de encuentro conmigo, he decidido poner el foco en «no poner el foco en lo que espero», aunque suene redundante, porque tengo la tendencia a lo que yo llamo «futurismo» (pasar más tiempo pensando en lo que pasará, que el que paso viviendo el presente).
Me estoy permitiendo estar más en el aquí y en al ahora, apreciando más lo que me regala mi presente, sin buscar entender sino simplemente aceptar y acoger.
Las personas que disfrutamos mucho la planificación, necesitamos tener también este remanso de paz que nos genera poder disfrutar de lo que nos sucede en cada momento, en cada instante de nuestra vida. Planificar, esperar, soñar, proyectar es magnífico mientras sepamos como equilibrar de forma inteligente sus efectos; lo que puede equiparar el efecto de ansiedad es la posibilidad de abrazar el presente y permitirnos fluir en él, porque es en el presente donde realmente podemos intervenir y ser lo que queremos ser.