gestión de expectativas

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Cuando nos planteamos expectativas muchas veces surgen posibles hipótesis que generan ansiedad, ¿Cómo podemos manejar efectivamente esto?

Cuando nos planteamos expectativas muchas veces surgen posibles hipótesis que generan ansiedad, ¿Cómo podemos manejar efectivamente esto?

Para responder esta pregunta voy a compartir mi propia vivencia: En el último año de mi vida, me han tocado experimentar situaciones que me marcaron y causaron profundo dolor y al reflexionar sobre ellas entendí que mi dolor era consecuencia de la frustración que producían mis expectativas insatisfechas. Por esto, luego de formarme en Mindfulness y tener muchos momentos de silencio y de encuentro conmigo, he decidido poner el foco en “no poner el foco en lo que espero”, aunque suene redundante, porque tengo la tendencia a lo que yo llamo “futurismo” (pasar más tiempo pensando en lo que pasará, que el que paso viviendo el presente).
Me estoy permitiendo estar más en el aquí y en al ahora, apreciando más lo que me regala mi presente, sin buscar entender sino simplemente aceptar y acoger.
Las personas que disfrutamos mucho la planificación, necesitamos tener también este remanso de paz que nos genera poder disfrutar de lo que nos sucede en cada momento, en cada instante de nuestra vida. Planificar, esperar, soñar, proyectar es magnífico mientras sepamos como equilibrar de forma inteligente sus efectos; lo que puede equiparar el efecto de ansiedad es la posibilidad de abrazar el presente y permitirnos fluir en él, porque es en el presente donde realmente podemos intervenir y ser lo que queremos ser.
¿Cómo definirías las expectativas?

¿Cómo definirías las expectativas?

Las expectactivas son aquellas que contienen todo lo que esperamos sobre una situación que no ha sucedido aún. Las expectativas para mí tienen dualidad temporal, pues producen en el presente sensaciones que están subordinadas a lo que suceda en el futuro y esto es una moneda de dos caras; pueden ser factores impulsores para lograr lo que anhelamos y también pueden enturbiar los procesos de aceptación y apertura a la realidad, produciendo la muy conocida frustración, si no se llegan a dar las cosas tal y como las esperábamos.
Las expectativas están presentes en la vida cotidiana de las personas.
El reto para mí está en saber gestionarlas efectivamente, que se dé ese equilibrio ideal entre “me proyecto hacia lo que quiero que suceda” y “acepto y me abro a lo que mi realidad me entrega”. Si logramos gestionar de manera óptima nuestras expectativas, la satisfacción, la tranquilidad, la aceptación serán unas compañeras constantes que propiciarán la sensación de felicidad en nuestra vida, que al final, es lo que todos buscamos.

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